Claudia Hernández

Mujeres de Atenco | Mirada Sostenida

Nunca volví a ser la que soñé que sería. Ha sido un proceso muy difícil tener que pasar por mantenerte viva. Después de lo que ocurrió en Atenco yo me sentía muerta, ya no tenía por qué seguir, ya no tenía ganas. Cambia todo: cómo miras, cómo tocas. Escuchas una palabra y te puedes sentir agredida. Ha sido tratar de reconstruirnos a partir de lo poco que nos quedaba, que era nuestra dignidad, aunque quisieron arrancárnosla. Es recordar que tú tienes las ganas de cambiar este lugar, de cambiar este país y mantener la convicción de que lo vamos a lograr.

El 3 de mayo mientras ardían unos trailers y empeoraba todo en Atenco, llovió. El día que salieron libres de la detención, llovió. Fueron muchas las veces que en estos 6 años el agua ha estado presente en los pasos de Claudia y no solo relacionada con momentos de dolor profundo; tener la libertad de llorar y confundirse con el agua de la regadera o de la lluvia como una parte esencial en su proceso de reapropiación de sí misma. Esta vez se miró dentro de un lago de truchas, que como sus sueños, crecen y sobreviven a contracorriente.

No sabías si ibas a salir viva. Sabíamos todo lo que nos estaban haciendo, sabíamos que nadie sabía dónde estábamos, o sea, sabíamos cómo venían y no podíamos hacer nada. Seguir vivas es estar bien.

Mis compañeros estaban en la cárcel, mis compañeras también, nos madrearon en todos los sentidos; mi pareja se fue, no terminaba la escuela, mi familia me regañaba… Yo ya no quería seguir; no quería vivir.

Mucho de mí murió en Atenco: murió la combativa que no tenía miedo a nada, la que quería dar la vida por la patria; siento que mucho de eso murió y lo que hay hoy no me acaba de gustar. No me gusta el miedo que siento, la impotencia que tengo, cómo ha cambiado mi vida y me ha obligado a tomar otros caminos que yo no quería.

¿Quién era yo antes de ese día y por qué fui, qué sentía? Fue un poco tratar de acordarme de eso y desde ahí reconstruir.

Después de terminar de hablar de política tengo el terror de que me vuelvan a hacer algo.

Aprendí a no sentirme mal como intentaron hacerme creer por el simple hecho de ser mujer.

 


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