Norma Jiménez

Mujeres de Atenco | Mirada Sostenida

A pesar de todo jamás nos quitaron la alegría ni las ganas. Yo estuve adentro con todo lo que soy. Ahora estoy afuera y sigo enterita. Mi miedo al final es parte de mí y me hace ser la que soy: estamos juntos y lo nombro. Me siento orgullosa de mi proceso, de no dejarme abajo. Tengo la certeza de que un día las cárceles se van a caer.

Norma salió de la cárcel y retomó sus estudios en artes plásticas. Decidió regresar a Santiaguito en el Estado de México, lugar en el que permaneció encerrada más de año y medio. Buscó intervenir el espacio con una pintura que se quedó a medias cuando la hicieron presa y al salir libre la encontró corroída. Visitó el lugar junto con su cuadro para quitarle a su retorno la carga de tristeza y acondicionarlo sin temor; la representación de la cárcel en contraposición con la vida que existe y respira detrás de sus muros.

Creo que eso es algo importante salir de la cárcel y que algo me reafirme que aquí estoy. Encontrar lo que es mío, disfrutar lo que hago y recuperarlo.

En todo el proceso tiene mucho que ver el miedo: miedo a morir, miedo a quedarme encerrada. Ahora le pongo nombre, lo reconozco y me refuerza la que quiero seguir siendo.

A pesar de este miedo que siento no me paralizo, no me quedo aquí viéndolo, al contrario, como tengo miedo es que sigo resistiendo.

Al final el sufrimiento no nos repara a nosotros, que yo sufra no me repara.


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