Italia Méndez

    

De repente me encontré desarmada de lo que me daba validez a mí misma. De la que fui ya no tenía prácticamente nada. Estaba totalmente en shock, no podía hablar de lo que sentía y así hablé en nombre de otras; no podía darme el lujo de quebrarme. Fue muy importante verbalizar lo que me estaba sucediendo. Lo más difícil de recuperar ha sido el cuerpo: sus sensaciones, mi sensualidad, mi soberanía. Para mi práctica diaria la denuncia social ha sido un espacio de reafirmación. Nunca perdí la fuerza para continuar. No lograron romperme. No me robaron la sonrisa.

Italia fue presa durante 15 días, mismos en los que se mantuvo en huelga de hambre junto a varias de las compañeras que hoy son denunciantes. Salió de la cárcel una noche y a las 6 de la mañana del día siguiente tuvo una rueda de prensa; desde entonces no ha dejado de participar activamente en espacios públicos nacionales y extranjeros. Decidió volver al Callejón Regina en el centro de la Ciudad de México cerca del lugar en el que acompañó procesos de barrio a los que después de Atenco no pudo reincorporarse. Recorrió el callejón de una punta a otra, pero esta vez no se trató de repetir un trayecto para tranquilizarse como tantas otras veces; regresó a sí misma para rehabitarse los pasos. Luego comenzó a llover. No dejó de caminar.

Italia estuvo en la huelga del 95’ en el CCH y en la del 99’ en la de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Trabajó en un colectivo multidisciplinario de educación popular en San Luis Potosí y en acompañamiento a niños en situación de calle en la Ciudad de México. Llegó en solidaridad con el pueblo Atenco desde su participación en La Otra Campaña. Su reivindicación política fue y sigue siendo libertario-anarquista. Actualmente trabaja estrategias colectivas sobre cómo recuperar la experiencia en situaciones límite.

La tortura más fuerte ha sido el propio proceso de justicia.

Tanto temen nuestro anhelo de libertad que se tienen que hacer valer de la represión.

Después fue enfrentar a la prensa masivamente y que nos dijeran mentirosas, que no había elementos, que no había denuncia, fue como llenarme de rabia; era como el primer día de sacudirme. Yo no sé de dónde saqué fuerzas. Supongo que de las compañeras que no estaban y de la solidaridad de la gente.

Nosotras no queremos ser heroínas, pero tampoco queremos ser víctimas. No somos “las mujeres violadas”. Yo no soy “Italia la violada de Atenco”. Intentamos incidir en los discursos no solo del Estado sino de las organizaciones, los colectivos y la sociedad sobre cómo dirigirse a nosotras. “Mírame, mira el trabajo que estoy haciendo, mira lo que estoy tratando de evidenciar y entonces no seas parte de. No me victimices igual que el Estado; no me des esa carga”.

No se trató de una violación. Si me pasara lo mismito saliendo del trabajo, de una fiesta o de la escuela y me suben a un carro y unos cabrones me hacen lo mismo que me hicieron en Atenco, te creo que sea violación, pero no puede tener el mismo tratamiento, el mismo discurso, cuando son elementos del Estado, en un hecho concertado en el que participan todas las fuerzas políticas de este país y en el que después de que ocurre todo mundo guarda silencio; es parte de una violencia de Estado; eso es tortura.

Viví con mucha culpa la libertad, me costó mucho trabajo salir, y entonces los 2 años que estuvieron las compas en la cárcel asumí el “deber ser” y la autoexigencia al máximo. Les escribía a las compas pasando mi reporte. Yo no me permitía cosas: ir al cine… No, era trabajo, trabajo, trabajo. Si no estaba pensando en trabajo y tenía un espacio, me dormía. Después me cayó el veinte de la culpa y que era parte de la estrategia del Estado.

Había cosas que te podía decir: “Ahora me encuentro totalmente bien, mira, estoy feliz, es un día soleado, estoy dispuesta a caminar todo el día y quiero comer con una amiga, estoy perfecta” y había un elemento que tenía que ver con un aroma, una frase, alguien que me tocara cuando me subía en el camión… No sabía qué lo detonaba, y el recuerdo regresaba, otra vez.

El deseo se te va. ¿Por qué me robaron ésto tan íntimo? ¿Cuándo lo voy a recuperar y cómo? ¿Desde dónde? Es preguntarme y trabajar sobre cómo me siento cada día.

Mis amigos no sabían cómo hablarme, no sabían cómo tratarme. Eran totalmente incapaces de entablar una charla conmigo; no sabían qué decirme. Yo vomitaba cómo me sentía en una reunión… Mis amigos sentían su condición de ser hombres en conflicto.

Finalmente mi concepto de justicia es distinto. El tema de la reparación se hace y se ha hecho desde que salimos. Desde que tuve oportunidad de mirar a los ojos a Norma, a Mariana, las miradas de todas las compañeras… Ahí comenzó. Hablarnos, abrazarnos, sobarnos los golpes… No nos conocíamos y nos estábamos cuidando. Con ellas estoy construyendo mi proceso de reparación.